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Antipoemas de amor y dolor

 

Una décima invisible

Miro plano como el viento
pienso que soy una enredadera
escritos a la ligera.
Soy un pasajero del tiempo
Soy una enredadera en el éter
Vengo de donde nadie viene
y vengo cantando una melodía…
Tengo mucho sueño perdido
quiero descansar por siempre.
No le tengo miedo a la muerte.

 

 

 

Mirándote

En el sillón sentado
miro por la ventana,
pienso y toco tus manos
mirando tu reflejo

De lado a lado miro
por la ventana
y mirando ¡Te veo te veo!

Estas en mis recuerdos
y no conozco
tu olor o despedida

Me mancho entre paredes
y cuelgo la mirada
una vez más
en la ventana.

 

 

 

Mágica locura

Tus cabellos
fuente de poder
o batería divina

Se pierden entre tus ojos
como un mar entre olas.

Y tus pensamientos
peces celestes
comiendo letras.

Tu olvido, insignificante,
comparado con el mío…

Te recordaré como piezas
de un rompecabezas.

 

 

 

A mi verdadero amor:

 

Tus labios carne de rubí se desprenden ante mis ojos

Tu pelo largo recién bañado huele a pétalos de rosas rojas

Tu silueta manto real de pequeños senos blancos
combina con tu sonrisa pequeña

Tus dibujos cuadrados peces en el agua

Y tus pupilas redondos puntos negros.
Tu caminar vaivén de locomotoras grandes.
Eres mi único amor en este mundo oscuro y frío

Manchas en tu pizarrón conoces de memoria
Eres la única persona en el mundo que sabe actuar.
Tus conocidos sentimientos hacia los animales te hacen una reina

Eres mi mayor sueño imposible casi como sobrevivir en una guerra.

Te escribo lentamente para recordar tu amor secreto

 

 

 

Verde es tu piel

Estoy alucinando otra vez
contigo.

Invisibles pensamientos, naves espaciales
me llevan a un planeta verdelimón.

Penetro la fina atmósfera, membrana
de piel tersa, hasta llegar al punto de aterrizaje

Me bajo como un rey a conquistar tierra
desconocida y me pierdo en senderos, caminos sin hostilidad

Camino por un jardín verdeagua; piscina de los recuerdos,
extraño aroma a pétalos de rosas rojas

Desprendo una flor, esencia mágica
de la verdadera naturaleza femenina.

 

 

 

Sangre marchita

Sentado en una tumba
un fantasma pensaba
¿qué hago?
Ya no tengo cuerpo,
escultura de la vida.

¡No importa! puedo volar
libre como un pajarillo,
ángel de la más cruel
naturaleza.

Mis huesos descansan
bajo un techo de roble
gris

 

 

 

 

Fin

 

 

Un chincol en tu ventana